Al batir una nata adecuada, incorporas aire y obtienes una cobertura o un relleno ligero. Usa nata para montar u otra nata más grasa que sea apta para montar, siempre bien fría. La nata ligera para cocinar puede no alcanzar la misma consistencia por mucho que la batas.
Paso a paso
Empieza con nata adecuada y fría
Comprueba en el envase que la nata sirva para montar. Mantenla en la nevera y enfría también el bol y las varillas si hace calor en la cocina. Elige un bol con espacio suficiente para que la nata aumente de volumen.
Empieza despacio
Bate primero a velocidad baja para evitar salpicaduras y súbela a una velocidad media cuando la nata espese. Añade el azúcar o los aromas en el momento que indique la receta.
Para y comprueba los picos
Apaga la batidora antes de levantar las varillas. Los picos suaves se doblan con facilidad; los más firmes mantienen mejor la forma, pero la nata sigue lisa. Busca el punto que pida la receta en lugar de montarla siempre lo más firme posible.
Termina a mano y mantén la nata fría
Cuando esté casi en su punto, bate un poco más con unas varillas manuales para controlar mejor la textura. Úsala pronto o guárdala en la nevera según la receta. Deja de batir en cuanto alcance la consistencia necesaria.

Nata que no espesa o se vuelve granulosa
Si sigue líquida, comprueba primero el tipo de nata y su temperatura. Cuando empieza a verse granulosa, incorporar con suavidad un poco de nata líquida fría puede mejorar la textura. Si ya se han separado grumos de mantequilla y un líquido acuoso, seguir batiendo no devolverá una nata montada lisa.
