Terminar la pasta en su salsa permite que esta recubra cada pieza, en lugar de quedar separada en el plato. Un poco de agua de cocción con almidón aligera la mezcla y puede ayudar a unir el aceite y el líquido. Añádela poco a poco para controlar la consistencia final.
Paso a paso
Ten la salsa preparada
Usa una sartén lo bastante grande para mezclar pasta y salsa sin derrames. Calienta la salsa como indique la receta mientras se cuece la pasta. Reserva ingredientes delicados como queso o huevo para el momento posterior que corresponda.
Pasa la pasta antes de que se ablande demasiado
Reserva agua de cocción en una jarra resistente al calor. Pasa la pasta a la salsa cuando esté algo más firme de lo que quieres al servirla, contando con que seguirá cociéndose en ella.
Mezcla con un chorrito de agua
Añade un poco del agua reservada y remueve o saltea con cuidado. Mantén la pasta en movimiento para que se cubra por todas partes. Añade más agua solo si la sartén parece seca o la salsa queda demasiado espesa.
Comprueba la textura y sirve
Detente cuando la pasta tenga el punto deseado y la salsa se adhiera sin formar un gran charco. Incorpora los ingredientes que deban añadirse fuera del fuego y sirve enseguida. La pasta sigue absorbiendo líquido mientras reposa.

Salsa grasienta, aguada o con grumos
Una salsa grasienta quizá necesite un poco de agua de cocción y que remuevas más, no simplemente más aceite. Reduce suavemente el exceso de agua si la pasta admite más cocción. Las salsas de queso o huevo pueden formar grumos o cuajarse a fuego fuerte; respeta las indicaciones de calor en cada paso en vez de hervir todas las salsas del mismo modo.

