
Syllabub con limón y vino blanco
Syllabub batido con limón y vino blanco

El Microplane es un rallador muy fino que obtiene virutas delicadas en lugar de tiras gruesas. La diferencia se aprecia enseguida: los quesos curados quedan sueltos y casi se funden, el ajo adquiere una textura de pasta y la piel de los cítricos se ralla limpiamente, sin apenas parte blanca, que resulta amarga. Si estás pensando en comprar uno, la cuestión no es si puedes rallar con otro utensilio, sino si buscas esa textura concreta. En muchas recetas se utiliza para dar el toque final y aportar aroma y frescura, no para preparar grandes cantidades.
Sus dientes finos son ideales para ingredientes que interesa reducir a partículas muy pequeñas y con mucha superficie: piel de cítricos, nuez moscada, jengibre, ajo, quesos curados tipo parmesano y chocolate para decorar. Al ser tan finas, las virutas se reparten rápidamente por mantequillas, aliños, masas y salsas, y el sabor queda mejor integrado. El rallador de caja suele resultar más práctico cuando se necesita cantidad y cierta consistencia, por ejemplo, para rallar verduras en tiras gruesas o preparar bastante queso para cubrir un plato. Para retirar la piel de los cítricos también puede emplearse un pelador, pero se obtienen tiras que a menudo hay que picar y es más fácil llevarse parte de la zona blanca.

Syllabub batido con limón y vino blanco

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Si la receta pide piel de cítrico rallada, puedes utilizar un rallador fino para cítricos o los orificios más pequeños de un rallador de caja, procurando retirar solo la capa exterior de color. Para el ajo y el jengibre, un prensador de ajos o un picado muy fino a cuchillo ofrecen un resultado parecido, aunque algo menos jugoso y con trozos ligeramente mayores. Para los quesos curados, la cara fina del rallador de caja es la alternativa más similar; el queso quedará más compacto y se fundirá de manera algo distinta. Para la nuez moscada y otras especias enteras, lo más práctico suele ser un rallador específico para especias o uno pequeño tipo lima. Lo importante no es usar el utensilio que nombra la receta, sino conseguir la textura que esta necesita.

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Tostada de ajo con ricotta, anchoas y ralladura de limón

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El error más común es apurar demasiado el ingrediente y rozarse los nudillos. Detente antes de llegar al final, corta el último trozo con un cuchillo o utiliza un protector si lo tienes. También puede atascarse: los quesos muy blandos y los ingredientes húmedos tienden a aplastarse contra los dientes en vez de rallarse, sobre todo si están calientes. Enfriarlos un poco ayuda a obtener virutas limpias. Con los cítricos, no presiones demasiado; las pasadas suaves reducen el riesgo de llegar a la parte blanca. Por último, lávalo con cuidado. Los dientes están afilados y pueden enganchar la esponja. Suele ser más seguro y eficaz usar un cepillo o enjuagarlo bajo el grifo.
En las recetas que requieren un Microplane, puede ser útil consultar el método de cocción, ya que este utensilio suele emplearse en un momento concreto, por ejemplo, al terminar un plato de pasta, aromatizar una masa o sazonar una salsa. El nivel de dificultad también permite valorar cuánta precisión exige la receta, pues un rallado fino puede ser un detalle pequeño pero decisivo en el resultado final.

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El Microplane sirve para rallar la piel de los cítricos, pero es un tipo de rallador fino. Produce ralladura muy menuda, mientras que los acanaladores tradicionales cortan tiras más largas.
No es lo más recomendable. Los quesos blandos tienden a aplastarse y atascar los dientes. Suele ser más práctico utilizar un rallador de caja o cortarlos en lonchas.
El rallado muy fino deshace el ajo casi por completo, libera más jugo y hace que se reparta enseguida, por lo que su sabor puede resultar más intenso desde el primer momento.
Haz pasadas suaves y detente al llegar a la parte blanca. Ve girando la fruta para retirar únicamente la capa exterior de color.
No es imprescindible. Un rallador de caja sirve para muchas tareas, pero el Microplane da una textura más fina a la piel de los cítricos, los quesos curados y las especias, algo necesario en determinadas recetas y acabados.
Si la receta necesita virutas finas que se fundan o desaparezcan en el plato, el Microplane es la opción más directa. En los demás casos, elige el utensilio que permita obtener una textura similar con el menor esfuerzo y el mayor control.

