Un calentamiento breve desprende la piel de la pulpa. Resulta útil para salsas o sopas lisas en las que quedarían tiras de piel. Para un plato con trozos, pelar puede ser innecesario.
Paso a paso
Prepara los tomates y el agua fría
Lava los tomates y quita con un cuchillo pequeño la parte dura del pedúnculo. Haz una cruz superficial en la piel del extremo opuesto. Ten listo un cuenco de agua fría y una espumadera antes de calentarlos.
Calienta solo hasta que se suelte la piel
Lleva a ebullición una cazuela con agua. Introduce unos pocos tomates con cuidado para no salpicar. Observa los bordes de la cruz: sácalos cuando la piel empiece a levantarse o abrirse, sin esperar a que se ablanden por dentro.
Enfría hasta poder tocarlos
Pásalos al agua fría con la espumadera. Déjalos enfriar hasta que puedas manipularlos, sácalos y escurre. Renueva el agua si varias tandas la calientan.
Retira la piel
Empieza por la cruz y tira de la piel suelta. Si una zona sigue muy pegada, devuelve ese tomate brevemente al agua caliente. Corta y utiliza según la receta.

Piel firme y pulpa blanda
Los tomates muy firmes o poco maduros pueden tardar más en soltar la piel. Trabaja en tandas pequeñas para sacar cada uno cuando esté listo. Refrigera los tomates preparados si no los vas a usar pronto. Este pelado prepara para cocinar; no es un método de conservación ni de envasado en conserva.
