El jengibre rallado fino forma una pulpa húmeda que se integra en salsas y marinadas. Las rodajas o los bastoncitos se notan más en el plato terminado. Comprueba qué corte pide la receta, sobre todo si la cantidad se mide después de rallarlo.
Paso a paso
Lava y limpia el jengibre
Lávalo y retira las zonas secas o dañadas. Puedes dejar una piel fina y limpia si la receta lo permite; pélalo si buscas una textura lisa. Raspa suavemente con el borde de una cuchara alrededor de los salientes para quitar la menor cantidad posible de pulpa.
Elige un trozo que puedas sujetar bien
Separa un trozo manejable dejando espacio para agarrarlo. Apoya el rallador de forma estable sobre un cuenco o una tabla. Mantén las yemas lejos de la zona que toca los dientes.
Ralla con movimientos cortos
Pasa el jengibre por un rallador fino presionando suavemente. Gíralo si las fibras largas se enganchan. Para antes de que el resto sea demasiado pequeño para sujetarlo con seguridad; pícalo fino aparte si lo necesitas.
Recoge la pulpa y el jugo
Raspa la parte inferior con una cuchara e incorpora el jugo, salvo que la receta diga lo contrario. Mide el jengibre ya preparado como se indica y añádelo en el momento correspondiente.

Jengibre fibroso y rallador atascado
El jengibre más maduro puede ser fibroso. Congelado se ralla más fácilmente directamente del congelador, pero no intentes forzar un cuchillo a través de un trozo duro y congelado. Si el rallador se atasca, para y acláralo con cuidado en vez de empujar con los dedos. Un rallador grueso deja trozos mayores que uno fino.

